Destinos. Microrrelato.

Destinos.

Eran tiempos de escasas escuelas secundarias en el país en esa década de 1960, y las 2 opciones fundamentales eran mandar al hijo a estudiar a una capital cercana al pueblo donde se residía, o mudarse a esa capital, pero ambas alternativas eran difíciles, la primera por no contarse con recursos económicos suficientes, y la segunda, por no dejar el terruño propio.

Sin embargo, muchas familias tenían que decidir qué hacer, porque no podían dejar que sus hijos crecieran sin estudios y, por consiguiente, sin profesión.

En mi pueblo estaba una muchacha de 19 años, y tenía un novio desde los 13, y aún no estaban en vías de concretar la unión legal, que los llevaría a darse el sí ante las autoridades.

Pero Deriana un día le comunicó a su novio Marco Antonio la nueva:

—Tengo algo que decirte, y espero que lleguemos a un entendimiento. Mi familia ha decidido irse a San Juan de los Morros, y no sé qué te parece a ti, porque yo me iría, pero seguiríamos nuestros amores, esta vez de semaqna a semana.

A Marco Antonio no le pareció bien la nueva, y le comunicó:

—Si decides irte, hasta aquí dura nuestra relación sentimental.

No hubo disgustos de ninguna de las partes, y a las 3 semanas se realizó el viaje de la familia mientras en el pueblo quedaban varios años de romance que se evaporaban ante las perspectivas del tiempo.

Marco Antonio se casó 8 años después, y Deriana hizo lo mismo a los 9. pero no dejaron de comunicarse, y mantenían contactos permanentes.

Los amores nunca mueren, y después de 10 años ambos se separaron y rompieron sus respectivas uniones !para casarse ellos!

Los destinos se definen cuando suceden los hechos.

Que Dios nos bendiga cada día.

Los héroes de mi infancia. Microrrelato.

Los héroes de mi infancia.

¡Cuánto cuesta aceptar que mis fantasías infantiles se hayan esfumado, sin siquiera permitirme quedarme un rato dormido, y soñar con tantos héroes que mi imaginación amoldaba a los personajes plasmados en aquellas 32 hojas multicolores, o a veces aquellas de color del bronce!

Todos los domingos esperaba ir al cine a ver las viejas películas mexicanas, por la módica cantidad de 1 bolívar, en función de matinee del local de Casalno. Y era allí donde aprovechábamos para hacer el intercambio de suplementos leídos, que contenían las hazañas de nuestros admiradas figuras, entre los que estaban Santo, Tarzán, Supermán,l Kalimán, El Valiente o Baruc, Los 4 Fantásticos, entre tantos.

Y lo curioso era que todos tenían la misma categoría, y no admitíamos que nos dijesen que uno era superior a otro.

Pero nuestro humor, también tenía sus líderes indiscutiibles, y disfrutábamos de la sana gracia y de los cómics de Hermelinda Linda o de Archi, así como El Oso Yogi, o Memín.

La infancia nuestra fue de oro puro, y no la cambiaría ni por lo más avanzado de internet. Esas tertulias antes de entrar al cine hacían nuestro deleite, y comentábamos las últimas hazañas que habían protagonizado.

Pero esos héroes, con mucha lamentación, se quedaron en un pasado irretornable. Y por otra parte, es raro quien conserve algunos suplementos de esa época tan feliz, por la cual doy gracias a Dios.

Lo que sí quisiera es llegarme al pasado y disfrutar de un domingo de película e intercambiar suplementos con compañeritos.

Claro que le doy las gracias a mi Dios querido, por esas experiencias tan hermosas e irrepetibles.

Piñero el campesino y su propósito. Microrrelato real.

Piñero el campesino y su propósito.

Conocí a Carlos Piñero, cuando él era un niño de 12 años, y fue llevado a casa para que realizara estudios de bachillerato, y corría la década de 1970 en sus inicios. Piñero era un campesino, que venía de un caserío enmontado del estado Guárico y que, por supuesto, no contaba con escuela ni servicios de ningún tipo, por ejemplo, luz o agua potable.

Carlos Piñero pertenecía a una numerosa familia de 12 hermanos, y al ver pasar a los suyos por tantas necesidades, a la corta edad de 12 años pudo ver con claridad el futuro, y trazarse una meta: ser ingeniero petrolero.

Con él estudiaban un muchacho de apellido Linares, y otro al que le decían Tony, que admiraban el arrojo y decisión de Piñero.

Carlos era de ese hablar que le dicen «veguero», y recuerdo cuando viendo una pelea de boxeo, donde reñía Vicente Paúl Rondón, él comentó:

—¡Qué va! Ya Rondón no aguanta más. ¡Se está caendo!

Todavía retumba en mis oídos ese gerundio mal empleado, y todos soltaron gritos de estupor e incredulidad, al oírle esa palabra.

Pero Piñero era muy preocupado, y rápidamente se dio cuenta de que no era caendo, sino cayendo. Y así, por el estilo, fue aprendiendo reglas del castellano, y además destacó notablemente, en las asignaturas prácticas de bachillerato, como matemática, física, física y química, y siendo el alumno más sobresaliente de su sección. Mención aparte, en la materia inglés.

Piñero siempre nos comentaba que su meta era sacar a su familia de abajo, y darle un buen nivel de vida. Y nadie dudaba del empeño por lograr sus objetivos.

Salió de bachillerato con las notas más altas, y no hubo problemas, al momento de llenar la planilla para cupo universitario, pues quedó en su primera opción: Ingeniería petrolera.

Piñero era ya un hombre, y los sueños empezaban a tomar un cariz más real, y a llenar el corazón de expectativas para un porvenir, tal como él lo había querido y proyectado.

Sin perder tiempo, Piñero se tituló como ingeniero petrolero, y a los pocos meses se le asignó un cargo en una agencia petrolera donde, por supuesto, brilló y surgió, y al recordar la promesa que se había hecho, volvió a su pueblo, se trajo su familia a Caracas, y respondió de la manera cabal como se la había pautado.

A los pocos años y, ante el arrojo, capacidad, talento y preparación de Piñero, fue referido a Estados Unidos de América, donde se residenció con toda su familia.

De Piñero perdí la pista, tal vez en 1990, pero cada vez que lo veía, le decía:

—¿Te estás caendo?

Y él, con sencillez y humildad, respondía:

—No, chico, pero tampoco me estoy cayendo.

Que Dios bendiga a Piñero, familia, y a todos nosotros.

La música en mi vida.

La música en mi vida.

Nací en un pueblito llanero en el estado Guárico, que en la década de 1950 era petrolero, y la agricultura había pasado a un segundo plano en importancia.

Por otra parte, el talento musical siempre se ha manifestado en algunos integrantes de nuestro núcleo familiar, y mi padre lograba extraerle algunas notas a su cuatro, y era un cantador en fiestas populares, a lo que acompañaba con las parrandas.

Pero mis verdaderas fundamentaciones vinieron de mi hermano mayor, de nombre José Mercedes «Curpe «, quien había nacido en 1944, y a su vez había recibido clases ocasionales de un músico apodado Bolas de agua,
que solo se sabía 2 canciones, una *La maricutana, y otra La pava, las que «chapuceaba todos los días, y cuando alguien pasaba por su calle, algunas veces le gritaba:

—¡Bolas de agua! ¿Y cuándo te vas a aprender algo nuevo?

En alguna oportunidad salía con un mandador en la mano para perseguir al intruso, pero era un muchacho bromista, a quien le era imposible alcanzar, porque Bolas de agua tenía que usar bastón .

Y fueron La maricutana y La pava las 2 primeras canciones que mi hermano aprendió. Él tendría unos 10 años, por lo tanto, lo anterior es una referencia que aprendí después.

Mi hermano fue interesándose en el arpa, y ya después, nuestra casa era visitada por conocidos artistas como «Catire» Carpio, José Romero Bello (el de «Florentino y el diablo»»), Juanito Navarro, y muchos más, y recibió muy buena asesoría y enseñanza de Alfredo Tenepe, con su estilo de hacer vibrar los tiples, de manera peculiar.

Mi hermano grabó un long play con José Romero Bello, y varios más como solista, siempre del arpa del maestro Tenepe.

Éramos muy pobres a principios. Me motivó mi hermano al darme la nota de re menor, y por ahí me fui. Nunca le busqué para que me enseñara nada más, sino que me la pasaba dándole a un cuatro de lata que logré construir.

Mi familia evolucionó, mi padre «pegó» en una «contrata» petrolera como obrero, y ya después mi hermano me regaló un cuatro. Cuando llegaban esos grandes artistas, me quedaba pegado de la pared, y con las manitos atrás y planas, como en señal de reconocimiento, sumisión y expectativas ante los que «más sabían».

La música empezó a regir mi vida, y fui aprendiendo por interés propio, algo que realmente fue un error a la larga, pues de haber recurrido a mi hermano, de seguro habría aprendido a tocar arpa, cuatro y bajo, como él lo hacía.

Recuerdo cuando todas las tardes se iban a Valle de la Pascua a presentarse en Radio Difusora Venezuela, y obtenían buena paga. Al tiempo, mi hermano Curpe se hizo animador del programa, y de ahí, de actos y eventos culturales y musicales.

En 1967 nos mudamos a San Juan de los Morros, y no había nadie que tocara instrumentos musicales, a menos que en sus parrandas, papá llevara algún músico, y me ponía de cuatrista a acompañar, por ejemplo, a Miguelito Soublette y su violín mágico.

Seguí dándole a mi cuatro en cuanto podía, y en 1968 formaba parte del conjunto navideño de mi liceo Roscio como maraquero.

No había músicos que me enseñaran, y la forma autodidáctica seguía su papel en mi aprendizaje.

Cuando a los 18 años, contradictoriamente, empecé a parrandear y consumir bebidas espirituosas, me ligué a buenos ejecutores, de la talla de Ezquiel Villarroel, Octavio Seijas, Miguel Tiape y Rafael Páez, guitarrista este último.

La música seguía impregnando cada glóbulo del cuerpo, y luego cuando era docente por horas en la cátedra de inglés, me motivé a formar el conjunto del liceo José Félix Ribas, compuesto por jóvenes de séptimo a noveno grados, y lo único que les tocaba era el cuatro. Hasta bailarinas se hicieron algunas niñas.

Gaitas, aguinaldos, tamboreras y villancicos conformaban el repertorio, y eran de 12 a 16 años mientras mi edad no era tan disímil: 22 años.

Por otros motivos, salí del liceo y entré rápidamente a lo mío: instructor de música en la Casa de los Niños La Paraulata, con un sueldo de bs. 1.500 mensuales, algo suficiente para mí solo. Y entonces fue cuando me afiancé en la enseñanza musical. Allí conocí a mi excelso maestro Freddy Herrera quien me guio con aplomo con sus conocimientos y dominio del área.

Recuerdo varios niños que aprendieron a tocar cuatro, pero los 3 primeros fueron: Miguel Lucena, Chiquitín Bermúdez y Aníbal Villalobos, exactamente, en 1982.

Luego en 1985, estos modelos de casas de niños fueron desapareciendo, y mi desubicación y extrañeza surgieron, al montarse un jardín de infancia. Ni idea tenía de trabajar la música con niños de esa edad.

Para no abandonar el cargo ni mi forma de subsistencia, empecé a asistir, y los primeros 15 días me limitaba a observarlos, y seguía con mis incógnitas: ¿Qué hago con estos niñitos?

Descubrí lo más hermoso que me podría ocurrir como docente: ser instructor de educación musical de preescolar.

En octubre de 1985, comencé a impartirles clases de tambor, maracas, charrasca, chapero, sonaja y cuanto instrumento navideño se me ocurriera. Y soprendentemente ¡los niños aprendían ipso facto!

Ya en diciembre estaba conformado el conjunto con más de 30 niños, que actuaban en la primera presentación de parrandones navideños escolares. Hermosa vivencia que se mantuvo hasta el 2000, cuando dejé de laborar en el jardín de infancia, y pasé a otra dependencia. Continué con preescolar, pero ya no con conjuntos.

La música siguió su curso, y cultivé el difícil campo del canto coral pero lo que nunca probé fue con adultos. Me ha parecido siempre más bonito el trabajo con niños, y gracias a Dios, me ha ido muy bien.

Hace unos años observé que la mayoría de las escuelas de mi municipio no contaban con himnos institucionales, y por tal motivo, me forjé lograr esa cristalización. De un poco más de 100 escuelas de preescolar y básica, ya casi todas cuentan con su himno, de los cuales he compuesto 63.

«Donde está la música está la alegría, y donde esté la alegría, estoy yo con la música». Ese es mi lema, que comparto con ustedes.

Agradezco su atención, y le doy gracias a Dios por tanto ben que me ha proporcionado con la música.

Glosa de «Vive tu vida contento».

Glosa de «Vive tu vida contento».

Vive tu vida contento,
así vivirás muy bien,
que si te apuras te mueres,
si no te apuras, también.
(Willie Colón).

¿Para qué andar por la vida
con una cara de perro,
y siempre cargando un cerro
de lamentación y herida?
Andar con faz sonreída
durante cada momento
es mostrar el sentimiento
que hay que mantener muy claro,
y sin el menor reparo,
VIVE TU VIDA CONTENTO.

Amar en verdad es bueno
para vacilar la parte
pues debes enamorarte
con una pasión sin freno.
Depúrate del veneno,
y procura tu sostén
al llevar a cada sien
el juicio con la cordura
y sin pensar en locura,
ASÍ VIVIRÁS MUY BIEN.

La quietud y la paciencia
deben señalar tu ruta
donde con una absoluta
confianza tendrás tu esencia.
Disfruta de la existencia
con los más dulces quereres,
y olvida los padeceres
que produzca el desengaño
viendo en la vida año a año
QUE SI TE APURAS, TE MUERES.

Saldrás con una persona
que te cause bienestar
para así poder gozar
en la más distinta zona.
En cualquier caso perdona,
y el más sano humor mantén,
para que todos te den
su aplauso, pero al venir
siendo lento, has de morir,
SI NO TE APURAS, TAMBIÉN.

No maldigas, Julián. Microrrelato de mi infancia. (1962).

No maldigas, Julián.


En mi niñez, tal vez, allá en 1962, por los lados de una vecina llamada Petra Pérez vivía un hombre, del que solo recuerdo que se llamaba Juan, y era mecánico, uno de los pocos mecánicos de mi pueblo natal, Las Mercedes del Llano.

El hombre tenía la característica o particularidad, que no perdía la oportunidad para proferir maldiciones de todo tipo, y contra quien fuera, o lo que fuera.

Cuando un trabajo le quedaba mal, no solo echaba sus demoníacas maldiciones, sino que también golpeaba los objetos, al punto que los destruía. Lo grave era que alguna gente decía que esa era la forma como él se desahogaba de todas las cosas que le salían mal, y recuerdo cuando mi mamá evitaba que sus niños menores de 10 años, pasáramos, tan solo cerca de ese satánico individuo.

Lo que más me impactó fue cuando lo escuché que lanzó maldiciones contra Dios y contra Jesucristo, empleando esos nombres, sin ninguna reserva.

Y, sin embargo, había quienes le aplaudían la horrible gracia, y se reían como si se tratara un chiste sano.

Ay Julián, hoy después de casi 60 años, tu imagen de hombre delgado, también con «tu triste figura» desfilando en las remembranzas de mi imaginación, y si aquella vez me causaste impresión, hoy me ocasionas una melancolía irrefrenable, al suponerte ardiendo entre llamas de un complacido Lucifer.

¿Cómo no hiciste caso nunca a las llamadas de atención que mo mamá te hacía, para que no maldijeras más, y te recalcaba?:

—¡No, Julián, chico! No maldigas, que las maldiciones se devuelven contra quien quien las dice.

Pero Julián sentía un placer muy grande, y gritaba cada vez que echaba una maldición.

Y mamá Cecilia parece que tenía razón, porque el taller de Julián iba perdiendo clientes, y los trabajos quedaban mal, por lo que las personas, ya no confiaban sus vehículos a él, y, en cambio, Carrillo, que vivía cerca del grupo escolar Rafael Paredes, era quien tenía que encargarse de repararlos.

Julián cada día iba más flaco, y al no encontrar carros que reparar, un día desapareció, como se pierde un alma por los caminos oscuros y turbios de una noche.

De seguro, ya no echaba maldiciones , porque todas las que deseaba, se le habían devuelto. Al menos, así opinaba mi mamá al respecto.

Y nunca más se llegó a saber nada de Julián

La música en educación preescolar.

La música en educación preescolar.


Ya se trató el punto de El juego en educación preescolar, y esta vez el post se refiere a la música en este nivel de la educación, especialmente, en Venezuela.

Después del juego, es la música el elemento que proporciona un desarrollo satisfactorio en los niños, cuyas edades van de 3 a 5 años, y se emplean canciones, ejecuciones instrumentales, grabaciones e interpretaciones en vivo, que son naturales y sencillas, por ejemplo, la maestra entonando temas propios de la edad.

Se utilizan, mayormente, canciones tradicionales infantiles, como* Los pollitosLa manzanaEl payasito y muchas más, que a la misma vez, se pueden acompañar con bailes y representaciones o dramatizaciones.

Hay que tener mucho cuidado al momento de incorporar canciones de adultos, sobre todo, por el contenido de sus letras, que a veces no son las recomendadas, debido a que llevan un mensaje no adaptado a su edad.

He estado en conversaciones con la coordinadora de cultura del municipio Juan Germán Roscio, y de nombre Lorenza Flores, para implantar un taller, que tentativamente lleva el nombre de La instrumentación musical en educación preescolar, mención que fue de su agrado. Esa visita la dispensé el día martes 12 de noviembre, y estoy a la espera de respuesta de aprobación para iniciar la próxima semana.

En cuanto tenga información, haré un post acerca de la situación.

El asunto es que la música juega un papel básico y determinante en los niños de preescolar porque los deleita, los tranquiliza y los entretiene, además de lograr una enseñanza en cuanto a los mensajes que pueda haber en los temas.

Estoy en calidad de jubilado, desde el 2010, pero nunca he dejado de preocuparme e interesarme por el aprovechamiento de la música en este nivel.

Y el taller, de corta duración, irá orientado a las maestras, para que sean ellas quienes multipliquen los temas tratados, y que, reitero, son sencillos, y se usarán instrumentos, en su mayoría, de fabricación o proveniencia casera, como por ejemplo, los palitos, el triángulo de cabilla, el chapero o el rallo.

En relación con el cuatro, se debate si es apropiado enseñar a tocar, pero ha habido quienes a los 5 años le han dado con solvencia al cuatro, e incluso, a la misma guitarra.

En conclusión, es la música lo que alegra el espíritu, y lo que mantiene el entusiasmo en el tope.

A Dios las gracias, por haberme permitido el ser docente de educación preescolar.

La desgracia de Pacho. Relato real.

La desgracia de Pacho.

Pacho es un hombre, que hace unos 20 años era un maquinista de renombre en su pueblo, y obtenía jugosa paga, porque esos servicios siempre en el país resultan muy lucrativos y de mucha demanda, y mucho más ahora, cuando la no hay unidades para cubrir las demandas diarias.

Decíale a su esposa:

—Amor, esta tarde cenaremos en el restaurante chino, y nos llevaremos a los 3 niños.

Ella le contestaba:

—Sí, cariño, y regresamos como a las 9 para disfrutar las barquillas que tenemos pendientes con los muchachos.

Pacho era feliz, y llevaba una vida sin vicios ni problemas porque se dedicaba de lleno al bienestar de su familia, y su prioridad era que tuvieran todo cada día. Su esposa era una profesora muy estudiosa, pero debido a tanta bonanza económica de Pacho, ella dejó de ejercer, para dedicarse al hogar.

Era una familia con todo a favor, y con mucha frecuencia realizaban viajes a distintas partes del país, como playas, ríos, llanos o la sierra, así como otros lugares llamativos.

Pacho es músico y cantante, y en la primera década de este siglo, asistía a fiestas que amenizaba con toda soltura, y con el beneplácito de los asistentes, quienes con solo decir el hombre de una canción, era, por lo general, complacido, porque se sabía un gran número de temas musicales.

Pero la situación fue cambiando, y la crisis generalizada penetró en las divisas de Pacho. Mariela su esposa tuvo que reactivarse como profesora a tiempo convencional en una universidad, y los niños ya no se alimentaban como otrora.

Paralelo a esta situación, se suscitaron las riñas y reclamos de su pareja, y hasta tuvo que irse a la planta alta de la casa que había sido adquirida por ambos cuando estaban recién casados.

Pacho fue despedido del trabajo, y el arreglo no le alcanzó más, que para comprar alguna ropa para los muchachos, alimentos, y otros productos de menor rango.

Pacho empezó a cambiar, y las peleas continuas lo aturdían cada día. Los muchachos presenciaban esas situaciones tan desagradables. Y Pacho se lamentaba cada día.

La esposa de Pacho se fue con los 3 muchachos a vivir donde su mamá, y lo dejó solo en la casa, quien se levantaba a las 9 o 10 de la mañana, y si alguien le preguntaba por qué se paraba tan tarde, él solía responder:

—¿Para qué me voy a levantar a las 5, si no tengo ni café para preparar en la mañana?

Algún vecino le decía:

—Pero, Pacho, ya eso es flojera tuya. Tú sabes de soldadura, carpintería, albañilería, y, además, tienes máquinas para realizar trabajo.

Sin embargo, Pacho sentía en el alma el trato y partida de Mariela.

Los amigos músicos de Pacho se enteraron de la situación y, aunque no podían aportar mucho a la causa de Pacho, nunca dejaban de ir a visitarlo, y algunas veces hasta lo animaban a tocar unas piezas.

El tiempo y la crisis continuaban, y Pacho empezó a sufrir de los nervios. Varias veces fue sometido a tratamiento con psiquiatras y médicos, pero su estado empeoraba cada vez.

Mariela no apareció más por los lados de lo que era su hogar con Pacho, quien dejó de salir, y de alimentarse de manera adecuada. Con una foto de ella dormía Pacho, y se despertaba llorando.

Y una mañana ocurrió lo que tanto estaban temiendo sus amigos: ¡Pacho amaneció ahorcado en su habitación!

La tristeza se apoderó de toda la barriada. Cuando bajaron el cadáver, una foto en todo el frente, era testigo de lo que había sufrido Pacho.

Mariela volvió a vivir en esa casa, pero cada noche escuchaba gritos horrendos y amenazas de muerte, de una voz que ella conocía muy bien: la voz de Pacho.

Al final, Mariela empezó a sufrir de los nervios también, y murió a los 6 meses después de Pacho.

Y doblaron las campanas, por una mujer que no supo entender que había que estar en las buenas y en las malas con su pareja.

Reflexión en el tiempo. Microrrelato personal.

Reflexión en el tiempo.

Poco nos encontramos. Yo en tercera edad instalado y, ella en la mediana edad. En principio, me fue un tanto complejo hacerle alguna insinuación, pero notaba la admiración que ella sentía por mi guitarra, mi música y mi manera de ser, que le entretenía y agradaba.

De vez en cuando me visitaba, y charlábamos amenamente. Me encantaba esa sonrisa, una de las más bellas, blancas, francas y breves que he visto en mi vida.

Unos ojos serenos y embelesados me contemplaban, y yo también me arrobaba en sus miradas lindas, serenas y lentas ¡Me miraba con el alma!

¡Cómo no sentir una atracción por alguien así, que tenía muchos años que no me encontraba, pero que ahora me llegaba como un retroactivo de simpatía y afecto!

Yo ansiaba besar esa sonrisa, incluso, ¡más que sus mismos labios! Un mediodía la invité a un café, pero yo ya tenía en mente, era que se dedicara una hora a hacer un almuerzo, y ya creo que ella estaba preparada porque, sin oponer obstáculos, se encargó de hacer una exquisita comida, que degustamos con delicioso paladar.

Ahí mismo quedaba la habitación, y estuvimos conversando y entre caricias suaves, logramos bellamente amarnos.

Ya la situación complicada del país estaba tocando fondo, y el tiempo ha indicado que esa fue la única vez que pudimos encontrarnos, en deleite de amor.

Para mala suerte, ella tuvo que mudarse a otra ciudad del país, y ya no se conecta como antes, sino de vez en cuando. La veo, y me provoca escribirle, y decirle que deseo verla, y estar de nuevo juntos, pero no me complace ser la causa de que sus megas se desgasten por culpa mía.

¿Que si fue una experiencia maravillosa? Ella sabe que sí. Yo borré sus fotos, ella olvidó lo que le decía, y ya no soy su interés. El tiempo en carrera a la ancianidad colabora en el vencimiento de la opción. Pero yo no puedo dejar de recordar algo tan bonito, que me ocurrió en la vida que, aunque no fue amor, fue una complacencia que me hizo probar mieles de la recta final de la existencia.

Como un zombi. Poema original.

Como un zombi.
Preámbulo.

La poesía lírica es la expresión más íntima, interior y espontánea del ser humano, y de profundísimo contenido de parte del autor. A lo largo de los años, la poesía utilizada por la lírica ha sido el verso, pero ante el surgimiento de la prosa poética, también se asume como lírica esta forma.

En mi caso, casi siempre he utilizado los versos heptasílabos, por tener la rítmica con tendencia a la melancolía como sentimiento hermoso, en esos casos.

Las gracias por leerme, y el deseo de que Dios les bendiga, no debe faltar.

Como un zombi.

Como un zombi he quedado
después de haberte amado
y me echaste al olvido.

Ni siquiera supones
las imaginaciones
en las que estoy sumido.

Pero, como es costumbre,
no debo darle lumbre
a ningún sentimiento.

Debo estarme callado
como un zombie apresado
por duro sufrimiento.

Esa felicidad
fue pura vanidad
de engaño en tu locura.

No debió suceder
que ese bello querer
se volviera negrura.

Con el paso inseguro
camino hacia un futuro
que conduce a un barranco.

Y aumenta mi tristeza
con tu figura impresa
en papel color blanco.

Mi vida artificial
choca con el cristal
de tu fina elegancia.

Una endecha sonora
en la tarde avizora
la luz de la distancia.

De la garganta seca
sale una frase hueca
que al delirio convida.

Pero no hay esperanza
y mi silueta avanza
como un zombi en tu vida.