Compras frustradas. Poema de humor.

Compras frustradas.

Sin ideas que estimar,
sale la doña a comprar:

.- Señor, un kilo de pulpa.
No hay, señora, me disculpa.

.- Señor, un camión de arena.
No hay, señora. Me da pena.

.- Amigo, deme una blusa.
¡Ay señora, no hay. Me excusa.

.- Señor, unos pantalones.
No hay, señora. Mis perdones.

.- Oiga, amigo, un condimento.
No hay, señora. Lo lamento.

.- Señor, un pollo picado.
No tengo. Ya se ha acabado.

.- Señor, yo quiero un café.
No hay, doña. Perdone usté.

.- ¿Mantequilla Maracay?
Lo siento. Tampoco hay.

.- ¿Tiene azúcar de la sana?
¡Se terminó esta mañana!

.- ¿Leche en polvo, tendrá aquí?
De esa no hay ni para mí.

.- ¿Y el higiénico papel?
Se lo llevó ayer Daniel.

.- ¿Y qué hay en este negocio?
Nada, ¡¡¡pero busco un socio!!!*

Mis notas del idioma. Número 109.

Mis notas del idioma. Número 109.

¿Frijol vayo o frijol bayo?

Hoy la nota del idioma va a manera de comentario, y es debido a que esta mañana me volvió a llamar la atención un letrero de una vidriera que tiene una señora en el mercado libre de San Juan de los Morros, y donde expende productos como frijol, empanadas, maíz, y otros.

El caso es que el letrero dice Frijol vayo.

Hacía más de un mes había notado la falla en la palabra vayo, pero no me detuve en esa escritura hasta hoy, cuando me causa extrañeza pues la hija de la señora es profesora.

Lo correcto es bayo, que es un color que tiende a marrón claro.

Frijol bayo. Me dieron impulsos de corregirle, pero me controlé.

Es la nota del idioma del día de hoy. Bendiciones de Dios para todos.

Tu nombre. Poema.

¡Qué lindo tu nombre suena
cuando lo pronuncia el pecho
y al alma llega derecho
con una actitud muy buena!

El mundo todo se llena
de una mágica alegría
donde solo poesía
fluye en agradable ambiente.

Tú haces que exista una fuente
donde tu nombre palpita
y hacer que sea más bonita
la ilusión con que te quiero.

Te encuentras en el sendero
de toda mi inspiración
y te da mi corazón
gozo cuando te imagino.

Y por donde yo camino
es seguro que me asombre
cuando pronuncie tu nombre
y con tu luz me ilumino.

Personajes y valores de mi tierra querida. Número 1.

Personajes y valores de mi tierra querida. Número 1.

Felipe Rodríguez Rodríguez.

Felipe Rodríguez Rodríguez es un personaje muy popular en San Juan de los Morros.

Nació en Las Mercedes del Llano, estado Guárico, Venezuela, el 13 de noviembre de 1949, y siendo niño, su familia se radicó en San Juan de los Morros. Felipe se casó con Marcela, su querida, amada e inseparable Marcela y, aunque no lograron tener hijos, era muy común andar por toda la ciudad tomados de la mano. Ella murió hace unos 15 años.

Felipe pertenece a una familia de intelectuales, entre los que figura Adolfo, de 81 años en la actualidad, y uno de los más destacados historiadores venezolanos de todos los tiempos, autor de muchos libros.

Argenis Rodríguez fue un insigne novelista en los tiempos de guerrilla, y autor de varios libros y figuró entre los autores estudiados a nivel universitario.

Francisco Rodríguez es también un destacado escritor, y fue el primero en publicar la historia del teatro de nuestra región.

Y Felipe también siguió el rumbo de las letras y de la cultura regional. Fue Felipe el precursor de la bandera del estado Guárico, e iba por todas las escuelas de nuestra ciudad dándola a conocer.

Igualmente, es un artista de la pintura ingenua, con cuadros realmente tiernos. Ha escrito varios libros, entre los cuales se mencionan «Pueblo chiquito, infierno grande», y el último, que fue bautizado en 2012 en la Biblioteca Pública Nacional, San Juan de los Morros. «Aquel pasado no retornará», con prólogo del escritor Wolmer Uzcátegui.

Pero su faceta más notable es la de poeta y declamador, y tiene una chispa instantánea al momento de improvisar versos. Su hermano Adolfo lo calificó una vez como El último juglar de Venezuela. Ingenio para una memoria que es máquina de versos.

En los velorios y entierros, Felipe siempre escribe poemas que lee al lado de la urna y en el cementerio, y con una voz de alto volumen, que se le puede oír a muchos metros de distancia.

Esta mañana me lo encontré muy cerca de la plaza Bolívar, y le dije que hacía tiempo deseaba dedicarle un escrito en Steemit, que él no no conoce, pero le aseguré que, de alguna forma, lo iba a ver.

En tiempos de cuando él vendía libros, algunas veces caía en las calles debido a que sufría de ataques de epilepsia, y le llevaban los libros, pero él decía que esos libros no se perderían si alguien los leía. Su frase más pronunciada da es Los locos son los que saben.

Otra característica que tiene nuestro personaje es que, si uno le pregunta de los primeros lugares de San Juan de los Morros, da una explicación clara, por ejemplo de la primera carnicería o farmacia . Memoria de hierro y precisa.

A continuación algunas gráficas de Felipe Rodríguez Rodríguez, para quien pido a Dios que lo bendiga cada día de la vida.

Breve canto a Cata. Poema.

Breve canto a Cata.

Cata, hermosa bahía
en el estado Aaragua,
tienes deliciosa agua
que nos pone a vibrar de la alegría.

Cielo azul, playa azul que en sus encajes
bordan de luz las ansias del turista
ante preciosa vista
embelleciendo notas de paisajes,
que entre suaves oleajes
es paraíso de la diversión,
y todo corazón
palpita en cuatro letras de tu nombre
y es para que se asombre
todo el que llega a verte en su emoción.

Cata, hechura de Dios
en majestuosa y clara pincelada,
y cerca coquetea La Ensenada
que es como portadora de tu voz.

Cata, ¡con cuánta gana uno se acuesta
en la cálida arena,
y escucha como suena
tu acuífera canción en exclusiva fiesta!

No hay estrés que ante Cata
no sucumba y se rinda ante su calma,
viendo el vaivén de la entusiasta palma
y el cocotero de apariencia grata.

Estar en Cata es dicha superior,
es hacerse un amigo del que sea,
y al pegar el calor, cuando la sed campea
el agüita de coco es lo mejor.

Ven hasta mi bahía tan querida
para disfrutar desde la mañana
de la dicha efusiva y soberana,
y sepas lo que de verdad es vida.

Eterna espera Soneto.

Eterna espera.

Tú sabes que te espero cada día
con los brazos abiertos y amorosos,
que ver el agua clara de los pozos
es lo que el corazón por siempre ansía.

Sé que se fueron ya mis años mozos,
pero en mi alma perdura la alegría
y hay en mi corazón la algarabía
de entusiasmos por siempre jubilosos.

Tú sabes que te espero sin apuro
porque mi anhelo es franco, largo y puro
y mi afán solo la esperanza anida.

Yo no sé si vendrás a mi presencia,
pero con mi paciente vehemencia
¡yo te puedo esperar toda una vida!

Aquellos ojos negros. Soneto alejandrino.

Aquellos ojos negros.

Aquellos ojos negros como la noche oscura
llegaron a mi mente de repentino modo
mientras mi corazón grávido de ternura
evocaba el ayer con detalles en todo.

Esos ojos tenían fragancia de frescura
que al verlos hondamente me ponían beodo,
y ese brillo impactante desprendía dulzura
en un rincón del pecho en mínimo recodo.

Me quedé pensativo en esos negros ojos
que me satisficieron los más locos antojos
con sus miradas lindas y llenas de pureza.

Me miraban con gracia y ahora me pregunto
si después que el amor ha quedado difunto:
«¿Será que si me ven les causaré tristeza?

La princesa en el bosque. Cuento en poesía, original de @lecumberre.

LA PRINCESA EN EL BOSQUE.

(Cuento infantil en poesía).

Pasó por el bosque
radiante y bonita
la hermosa princesa
de gracia infinita.

De azul el vestido,
de azul zapatillas
pasó saludando
a liebres y ardillas.

Andando el camino
recogió una rosa
mientras la seguía
una mariposa.

Se lavó la cara
en un manantial
al ritmo armonioso
que daba un turpial.

Perfumes sutiles
le daban las flores,
y un bello arcoíris
todos los colores.

La bella princesa,
dulce y diminuta
cargaba una cesta
de diversas frutas.

Al oso del bosque
le tendió la mano,
y empezó a dar saltos
dichoso y ufano.

Se detuvo un rato,
y allá en el recodo
miró el lindo cielo
que estaba azul todo.

Las aves del bosque
sonaban sus cantos
llenando el ambiente
de ensueño y encanto.

Adiós, princesita,
le dijo la hormiga
cuando se trepaba
a una fina espiga.

El viento le daba
frescura en la cara
y el sol complaciente
una luz muy clara.

A medio camino
se encontró otro oso,
y bailaron juntos
un baile sabroso.

Naranjas, duraznos,
piñas y sandías
tomó por almuerzo
en el mediodía.

Debajo de un árbol
de sombra sin par
se quedó dormida
y empezó a soñar.

Velaban su sueño
muchos ruiseñores,
canarios, paujíes,
y hasta picaflores.

Despertó de pronto
de su grata fiesta,
y a su alrededor
se prendió una fiesta.

¡Qué bien se escuchaba
la bonita pieza
que dio el azulejo
para la princesa!

Al arpa le daba
una paraulata,
y el cuatro tocaba
la linda camata.

Bailaban joropo
que estaba sonoro,
y contrapunteaban
el guaro y el loro.

Nuestra princesita,
de paso ignoraba
que era su cumpleaños
lo que celebraban.

Muy pocas velitas
en la vecindad
apagó debido
a su corta edad.

Había oscurecido
cuando terminó
la fiesta sabrosa
que se le brindó.

Caballos alados
llegada esa noche
pudieron llevarla
en mágico coche.

Subieron tan alto
y con tal fortuna
que se detuvieron
a hablar a la luna.

Le brindó la luna
amigable beso,
y alumbró el camino
para su regreso.

Entre los regalos
de que vino ful
estaba un peluche
de color azul.

Así la princesa
retornó a palacio
y entró en su aposento
despacio… despacio.

Y ya muy cansada
de tanto viajar
nuestra princesita
¡se puso a soñar!