5 poemas infantiles. Originales.

Reloj, relojito.

Reloj, relojito,
dime qué hora es,
mira que la luna regresa a las seis.

Reloj, relojito,
¿las ocho ya son?
Mira que el lucero
no se halla a las dos.

Reloj, relojito,
dime qué hora es,
mira que el lucero
despierta a las seis.

Relñoj, relojito,
¿dices que es la una?
¡Ah no! A mediodía
¡no sale la luna!

Amigo payaso.

Amigo payaso,
es mi buen deseo
que tú me regales
muchos caramelos.

En tiempo futuro
voy a ser dichoso
porque vas a darme
dulces muy sabrosos.

Con esa pelota
que ya va a ser mía
voy a sentir mucho
amor y alegría.

Ven, yo quiero darte
un sentido abrazo
por estar contento,
amigo payaso.

El estornudo.

El estornudo
de Juan Tomás
resonó agudo:
¡a…a…a..chas!

El estornudo
de José Andrés
resonó agudo:
¡a…a…a…ches!

El estornudo
de José Luis
resonó agudo:
¡a…a…a…chis!

El estornudo
de Juan de Dios
resonó agudo:
¡a…a…a…chos!

Y el estornudo
de Juan Jesús
resonó agudo:
¡a…a…a…chus!

Con el dinero de Marina.

Si Marina me da
dinero en efectivo,
voy a comprar las cosas
que siempre yo he querido.

Los patines plateados
lucirán más bonitos
cuando pueda tenerlos
en mis pies calzaditos.

Seré otro Galarraga
que al mundo maravillo
cuando compre mi gante
con el más fino estilo.

Y a todos dejaré
atrás y bien perdidos
cuando por la autopista
vaya en mi velocípedo.

Ajedrez.

Rosita, Rosita,
te invito esta vez
para que juguemos
hoy al ajedrez.

¡Qué juego tan fuerte,
con tan viva llama!
Volaste mis torres
y yo a ti la dama.

Escucha, Rosita,
préstame atención:
¿me quieres volar
el último poeón?

Me cambiaste alfiles
por mis dos caballos,
y sobre el tablero
casi nada yo hallo.

Pero cometiste
un error sin ley,
y por eso mismo
le gano a tu rey.

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