El momento inevitable. Reflexiones.

El momento inevitable.

No esperemos que llegue ese último acontecimiento o final de la vida, que significa la muerte, para dar valor a alguien, a algún animal o a alguna cosa, y que siempre hemos tratado con maldad e indiferencia, pero podemos sentir una repentina extrañeza cuando ocurre la desaparición física.

Un remordimiento es la reacción más amarga y dolorosa que se puede experimentar en estos casos, sobre todo, cuando un padre o madre llega al ocaso de la vida, y un hijo que nos los aprecio, siente que la conciencia y el corazón son golpeados con brutal dureza.

Es terrible la experiencia de hijos que maltrataron a uno de sus padres y, cuando muere uno de estos es como si tuvieran deseos de resarcir todo, y la angustia, la desesperación y el dolor se apoderan de alma, mente y corazón, para hacernos llegar a un estado de tristeza muy grande.

Se empieza a desear poder retornar al pasado y asumir otro comportamiento, pero es imposible porque esas oportunidades se presentaron producto de las circunstancias, y ya no hay ocasión de volverse a dar.

Después de haber pasado por la vida, y no saber ni haber apreciado a familiares, amistades, mascotas y objetos que significaban elementos de mucha importancia, quedamos a la expectativa.

En lugar de tener motivos para la lamentación, debemos enfocarnos en amar, comprender, valorar y compartir cada chance que se nos presente, y tratar bien a a nuestro prójimo, como Dios ordena.

Y en el caso del familiar o amigo, podemos asistir a su velatorio y sepelio con paz en el corazón, y la satisfacción de haber asumido una posición cónsona cada día.

Como se sabe que la muerte es un acontecimiento forzado e inevitable en los seres humanos, hay que tratar de ser buenos, tener filantropía y altruismo, y estar siempre atentos a prestar ayuda a todos, en cualquier caso.

Que Dios nos bendiga cada día.

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