María Antonia: Un recuerdo e fin de año. Microrrelato real.

María Antonia: Un recuerdo de fin de año.


Cuando contaba con 22 años, me fueron asignadas 9 horas de inglés en la escuela básica José Félix Ribas, en octubre de 1976, en San Juan de los Morros, y ser profesor joven en aquellos tiempos, era algo realmente loable y digno de reconocimiento. Era estudiante y trabajaba.

A ello se sumaba que también tocaba el cuatro y cantaba, y me había aprendido la mayoría de las canciones de Guaberto Ibarreto, un verdadero impacto de la época , con sus temas populares y franelas a rayas, de las cuales llegué a ponerme varias. Su mayor éxito entonces era María Antonia.

Vivía en San Juan de los Morros, pero casi todos los fines de semana me iba a mi pueblo natal Las Mercedes del Llano, a parrandear con amigos. Llegaba a casa de mi hermano mayor José «Curpe» Álvarez, fallecido en 1998. Su esposa era Rosa Cova.

Un fin de año me fui, como de costumbre, y una tarde agarré el cuatro, y me senté en todo el frente de la casa de mi hermano, y eso fue debajo de una mata florida.Eran las 4 de la tarde.

Apenas empecé a cantar los temas de Gualberto, una lindísima muchacha que, casualmente se llamaba María Antonia, me vio con una mirada especial, y cada vez que terminaba una canción, me brindaba aplausos.

Salió un momento, y mi cuñada Rosa me decía que le había caído muy bien a María Antonia. Y cuando ella volvió como a las 5 y 30, mi emoción era notable. María Antonia se cambiaba de ropa como de 5 a 5 minutos, y parecía que tenía apartado ese vestuario para exhibirme el más bello desfile individual que haya visto jamás en mi existencia.

Rosa, detrás de la ventana de la casa, me decía susurrando:

—Mira, cuñado, se puso un fabuloso conjunto rosado.

O:

—Le queda lindo ese vestido azul.

Y así pasó el tiempo hasta que la oscuridad impidió que mi improvisada modelo siguiera con su trabajo tan precioso.

Solo le aprecié un abanico coqueto con la mano derecha, y con el cual me daba las buenas noches. Luego, a las 8 me fui con mi hermano a una fiesta, y como él era arpista, entonces le acompañaba con el cuatro. Pero en esa fiesta, de mi mente no se me quitaba la imagen de María Antonia.

Al apenas amanecer, me acerqué a la casa donde estaba alojada María Antonia, pero «El Cubano», que así le decían al dueño de la casa, me dijo:

—Compañerito, María Antonia tuvo que irse de urgencia a su tierra natal Barquisimeto, y no viene dentro de mucho tiempo, quizás en diciembre del próximo año.

Sentí un desconsuelo, uuna congoja, una decepción y una frustración, mientras mi cuñada Rosa me decía:

—Lo siento, cuñado, pero parece que fue María Antonia la que te dejó loco a ti.

Año tras año, iba los últimos días de diciembre a ver si aparecía María Antonia, pero nunca volvió.

Hoy el recuerdo hermoso y sentimental invade mi corazón y, tomando el cuatro, toco María Antonia, en honor a una estupenda modelo que me cautivó con su atuendo juvenil, cromático y bonito.

Que Dios nos bendiga a todos.

Y para afincarme en la nostalgia, aquí les dejo el vídeo de María Antonia, con Gualberto.

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