Mi inocente niña. Poema de reflexión.

Mi inocente niña.


Mi inocente niña,
mi niña adorada
dibuja paisajes
en una mirada.

Me llena de gozo
el verla acostada,
¿con qué soñará
mi niñita amada?

Yo recojo flores
en la madrugada
y se las entrego
con alma encantada.

Es pura inocencia
lo que de ella emana,
que se me parece
a clara mañana.

Pero pensamientos
de confección mala
llegan a mi mente
en la dura escala.

¿Qué será mi niña?
¿Será una abogada?
O, en cambio será
floja y descuidada?

¿Llegará muy alto
o estará muy baja?
¿O será mujer
que nunca trabaja?

Tormento de ideas
recorre la casa,
el porche la sala,
la esquina y la plaza.

¿Qué será mi niña
en fecha lejana?
¿Será un buen ejemplo
para su otra hermana?

¿Tratará a los pobres
de muy buena gana?
¿O va a ser buena
hasta con su cana?

Mi inocente niña
duerme muy callada
y cuido su sueño
de flor delicada.

De Herodes no temo
terrible andanada
porque es una niña
preciosa y rosada.

Amará a su prójimo
con toda su alma
y estará pendiente
de brindarle calma.

Dios será primero
en todo lo que haga
que verá su luz
que nunca se apaga.

En eso despierta
la niñita blanca
con una sonrisa
diminuta y franca.

Yo sigo pensando
cerca de su cama
si cuando ella crezca
va a ser buena ama.

¿Y si llega a ser
buena y destacada?
Seguro mi niña
va a ser alabada.

Le harán homenajes
semana a semana
por su alma tan buena,
generosa sana.

Hará el bien a todos
los de la barriada
con humilde forma
en hechos plasmada.

¡Eso va a ser ella!
Mi niña adorada
tendrá de Jesús
la más amplia entrada.

Mi inocente niña
para mí es sagrada
y me encargaré
de no sufrir nada.

Ella va a crecer
saludable y clara
por siempre luciendo
luminosa cara.

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