El hombre y la mujer más felices del mundo. Reflexión.

El hombre y la mujer más felices del mundo.


Sorelys, hoy recuerdo tantos episodios de mi vida, que no puedo dejar de evocar algunos que llegué a experimentar contigo, que me inspiraste tantos poemas y algunas baladas en mi vieja guitarra.

No preciso cuántas vivencias compartimos, pero siempre te decía que no era amante de las mentiras ni de las exageraciones, y lo digo porque cuando me preguntabas cuánto te quería, te decía que era una relación bonita, sincera y normal, y que no esperaras que te hiciera la mujer más feliz del mundo, y tampoco que me hicieras el hombre más feliz del mundo.

Tú te hacías la que estaba desengañada, pero luego me brindabas una palmadita de comprensión, al darte cuenta de que era una mentira gigantesca, y perteneciente a un universo de fantasía.

No nos encontrábamos siempre, porque vivíamos en lugares muy lejanos, y aun así nos la ingeniábamos para vernos al menos una vez cada 10 días. Ya por ahí sabíamos que éramos normales enamorados. Lo maravilloso lo hacían los poemas que te escribía, y la fantástica fémina que resultabas para mi numen.

Sí, el primer poema que te hice, creo que fue a finales de 1994, y fue en un papel que cargabas dentro de tu cartera, lo extrajiste, y te lo hice apoyándome en una pared de una casa bajita de tu pueblo. Flor duradera era el nombre. ¡Y aún lo conservas!

¡Cuánto nos quisimos!

Pero pese a todo, te pedía que me amaras con los ojos abiertos. Sabía que en un tiempo no muy distante, iba a ocurrir la separación, sobre todo, al ser descubierto el romance que no iba a ser aprobado por tu entorno.

De inmediato acepté la realidad, y no luché por ese amor porque sabía que no iba a triunfar, y por ese motivo, me ahorré la derrota.

Ya por ahí comprendiste que no era quien te podía convertir en la mujer más feliz del mundo. Y se me salía el aire soplado con fuerza por la nariz, cuando me lo suponía.

Pero hoy, tantos años después, sé que no teníamos la real opción, sino en la expresión vana, en la ocurrencia y en la ficción.

De cualquier forma, me hubiera gustado ser el hombre mas feliz del mundo con la mujer más feliz del mundo.

Que Dios nos siga bendiciendo a todos.

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