El profesor Eufracio y mi error en conjugación de un verbo. Microrrelato personal.

El profesor Eufracio y mi error en conjugación de un verbo.


Mi apego, afición y amor por las reglas del idioma castellano, son producto de una experiencia como alumno de 4to. año.

Y eso acaeció desde 1971, cuando estudiaba en mi liceo, y un profesor de nombre Eufracio García me mandó leer una referencia histórica de las que él acostumbraba pedir en su materia Historia Contemporánea de Venezuela, y se me ocurrió escribir la «trágica y afortunada» conjugación «introducieron».

El profesor, muy sorprendido y contrariado, orientó su oído ante esa conjugación errada, y me hizo repetir ese párrafo, pero por más que repetía, todo seguía igual. No me dejó terminar el trabajo, y me pidió que me sentara.

Llegué a casa muy preocupado, y buscando la explicación de por qué no me dejó terminar mi escrito, que tenía la equivalencia a 2 cuartillas. Y nada que daba con la falla. Pero como al tercer día, hice énfasis en la palabra que había ocasionado mi desliz.

«Intrudcieron». ¡Eureka! Esa era la razón valedera del acontecimiento. Fue fácil que al preguntarle a mi hermana mayor, de nombre Migdalia, y esta me aclaró:

—¡Hermanito! Es evidente que fue por haber utilizado mal esa conjugación porque, lo correcto es: «introdujeron».

Me dio pena con mi hermana, y desde ese día me prometí dedicarme al buen uso del idioma y, recién graduado de bachiller, recibí unas horas de inglés, en 1976, y en 1977, y paralelamente, di clases de castellano en un liceo. Y Eufracio no se me olvidaba.

Durante esos mismos años, enviaba mis escritos acerca del idioma, al periódico El Nacionalista, cuyo nombre asignado era «Hablando mejor», una columna que salía los domingos , y recibía muy buenas críticas. Y Eufracio no se me olvidaba.

Como en esos tiempos los profesores graduados en cualquier especialidad eran muy pocos, tenía muchas horas de ambas materias, que cumplía en 2 liceos.

Fui desarrollando la poesía y las reglas del idioma semanalmente, hasta más o menos llegado 1997, cuando me fui al otro periódico La Prensa del Llano, y en ese tabloide seguí desarrollando lo relacionado con el castellano. Y Eufracio no se me olvidaba.

¿No cometí más errores? Sería radicalizar una mentira. En las redes sociales se pasa por errores ortográficos, de los que nadie está exento de cometer.

En esas redes es donde Eufracio ha debido pasar por muchos más disgustos, no solo por el «introducieron» que le provocó aquella rabia, sino por los mil usos errados que se dan al castellano.

Doy gracias a Dios por haber asimilado esa lección, y les confieso que Eufracio nunca, nunca se me olvida.

Bendiciones de Dios para todos.

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