El canto del turpial. Remembranza de mi infancia.

El canto del turpial.

Hoy escuché el sonoro, melodioso, afinado y lindo canto de un turpial, que sobresale entre tantos pájaros que llegan a los árboles de mango, en la urbanización donde resido.

La evocación me trasladó a tiempos de una niñez, en la que estas pequeñas aves de colores amarillo y negro tomaban por tarimas, igual que hoy, los árboles de mango de nuestra vecina Modesta Bandres, y los habitantes de la calle Antonio Marchena se levantaban tan alegres como los turpiales.

Hueso Guevara y Humberto el de Paula, preparaban sus fondas para dispararles sus mortales piedras, pero mamá Cecilia los corría a empellones de gritos autoritarios, y los 2 muchachos salían con apuro hacia sus casas, porque en esos tiempos cualquier señora mayor podía darle con una correa o bejuco a algún chico que cometiera una irregularidad, y era hasta felicitada.

Las nostalgias me hicieron salir a ver la hermosa avecilla, y allí estaba, con su pico negro y su clarín de fino triángulo emitiendo notas fabulosas, que impregnaban el pequeño mirador donde todas las tardes nos sentamos algunos vecinos a una tertulia, y otras veces a esperar que después de uno de los tantos apagones, vuelva la luz.

Ese canto me hizo llenar el alma de la riqueza infantil, al entonar ese himno tan bello que se saben todos los turpiales.

También remembré la ocasión cuando un turpial cayó herido, y Pedrito Morao y yo lo introdujimos en una lata de leche marca Nido, y dándole golpecitos como de tambor indígena, logramos revivirlo, pero al descurbirlo, salió en un vuelo que nos lo hizo escapar de las manos.

Me dio tristeza dulce el recuerdo, pero me llenó el corazón de energías y ánimo, para emprender este nuevo día.

Que Dios nos siga bendiciendo cada día.

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