El síndrome de Procusto. Reflexiones.

El síndrome de Procusto.

Procusto enmarca en el contexto de la mitología griega, a un bandido de Ática. De él surgió el Síndrome de Procusto, que consiste en la incapacidad de reconocer las ideas de nuestros semejantes. Yo añadiría que los valores.

En una red social, me hallé una breve referencia a este síndrome que, de manera increíble, he notado cómo se ajusta de manera perfecta a las vivencias y realidades de la actual existencia.

El síndrome de Procusto conlleva a la envidia que se siente y vive, la mayoría de las veces con excusas y justificaciones que no convencen a los demás. Se subestima y desprecia el progreso que pueda experimentar otra persona, y el problema es incidente cuando se tiene «poder de destruir», algo que se ve a diario en niveles políticos, educativos y de cualquier aspecto de la vida.

Es la envidia un factor que repercute grandemente en el síndrome de Procusto.

En lo personal, he visto muchos casos de injusticia, en los que se ha puesto de manifiesto esta aplicación. Un docente tratando de hacerle la vida imposible al otro, solo porque este ha venido escalando de modo vertiginoso, y por propios méritos en su carrera profesional.

Los «procustistas» (término que se me ocurre, y no sé si ya se ha utilizado) son personas fracasadas, e incapaces de aceptar la superioridad de sus semejantes y, por supuesto, nunca aceptarán que tiene cualidades a las que él no puede llegar.

Pero se me ocurre preguntarme: ¿alguna vez nosotros hemos sido víctimas del Síndrome de Procusto? Para ser sincero y honesto, mi respuesta es afirmativa. En Steemit mismo, vemos cómo llega alguien nuevo, que con talento, dominio y desenvolvimiento, logra captar la atención de usuarios con poder que, de inmediato le dan un apoyo que se ha estado esperando durante buen tiempo.

Otra pregunta: ¿hay motivos para actuar con base en el Síndrome de Procusto? Aquí sí que el asunto se complica, y sin embargo, creo que ya no sería ese síndrome pues la respuesta obedecería a la injusticia que se comete. Me explico: en un liceo un docente subdirector espera ser ascendido a director, pero le instalan un «pracaidista»-

Sin duda alguna, la reacción ha de ser de descontento y de frustración. No creo que el síndrome esté presente aun cuando esa persona no sea quien reconozca con frecuencia a los demás.

¿Y la suerte en este síndrome? Esto sí que crea disgusto a Procusto. El sufrido ser achaca a la suerte todos los beneficios que recibe una persona, pero cuando es él quien recibe favores y ganancias, lo considera como algo que le pertenecía.

Para culminar, les manifiesto mi alegría y la emoción de poder elaborar un post de estas características, y acerca de un tema que desconocía hasta hace unos 3 días.

Que Dios les siga bendiciendo cada día.

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