Richard Aguilar y su lánguida historia.

Richard Aguilar y su lánguida historia.

Conocí a Richard Aguilar a principio de la década de 1980, a través de las actividades que se realizaban en San Juan de los Morros, y se realizaban muchos torneos de ajedrez para apuntalar los valores de la disciplina, con intervalos regulares en programación.

Entre esos jugadores, figuraban José Moreno (+), Arístides Pinto, Hilson Bustamante (actual Maestro Nacional de Ajedrez), y el mismo Richard Aguilar, quien era un moreno, tal vez de 1.60 m. de estatura.

En la competencia había mucha paridad. Richard era buen estratega del juego agresivo, y a veces era sorprendido por quien jugaba rezagado, y le medía el juego con precisión.

Lo que sí me sorprendió fue asistir a un festival de la voz magisterial, y una maestra de nombre Yaditza Dosantos interpretó una canción cuya letra pertenecía ¡a Richard Aguilar! Su nombre era Pensamiento campesino, y quedé impresionado con ese mensaje filosófico, y llanero a la vez. Yaditza obtuvo el primer lugar, y la canción fue distinguida como la mejor inédita. Yo no podía creer que Richar le hubiera ganado a una composición mía, pues un profesor llevó un tema de mi autoría.

Era solo un asomo. A los pocos meses apareció con otra belleza de letra cuyo nombre era Enciendan la fogata.

En esos tiempos la protesta estaba en el tapete, pero las inspiraciones de Richard Aguilar tenían un exquisito toque poético y sublime, que les daban un giro estético brillante.

Richard se fue distanciando del ajedrez, para dedicarse a la producción literaria, y siempre publicaba en los periódicos de la región sus poemas y escritos. Teníamos en común la inclinación por el ajedrez y la composición, pero se compenetró tanto, que vivía escribiendo noche y día, hasta llenar varios cuadernos con sus rimas y trabajo literario.

Entonces sucede algo impactante. La mamá de Richard, muy preocupada, ve la oportunidad de que Richard vuelva a la vida «normal», y debido a un viaje que él realiza por varios días, ella extrae los cuadernos ¡y los quema!

Cuando Richard regresa, se encuentra con aquel pavoroso desastre de restos de hojas quemadas, ligeras cenizas y algunos trazos con retos de letras.

No aguanta, y le da una crisis nerviosa, que hace que sea recluido en una clínica durante varias semanas, pero el cambio en la vida del muchacho fue notable y lamentable, pues empezó a temblar, y a hablar con voz entrecortada.

Luego vinieron las curas de sueño para tratar de volverlo a la vida de antes, pero el daño era irreversible.

Sus compañeros ajedrecistas siempre estuvimos pendientes de su estado de salud, y lo visitábamos y lográbamos que jugara algunas partidas, pero Richard cada día que transcurría, estaba más ausente.

Desvariaba. Y un día ocurrió lo que se temía. Richard Aguilar murió en los inicios de la década de 1990.

Su canción «Enciendan la fogata» ha sido el éxito más festivalero que he podido experimentar en mi largo historial folclórico.

De Richard pocos se acuerdan, pero en mi corazón y en mi mente sí aparece con constancia.

Que Dios le haya dado descanso a su alma.

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