Un otoño diferente.

Un otoño diferente.

¡Qué cosa! ¿Verdad, señora?
¡Y que tratándola ahora
con el pronombre de «usted»!
Me resulta muy extraño
pues me lleva más de un año
y estoy envuelto en su red.

Siempre todos mis amores
en verdad, fueron menores,
pero usted es la primera
que me encuentro con el caso
porque me ha salido al paso,
y amarla mucho quisiera.

No sé ni cómo tratarla,
y no hallo cómo mimarla
como con todas hacía,
y me siento como un niño
que quisiera que cariño
me hiciera usted, dama mía.

En más de sesenta soles
siempre desempeñé roles
de diferencia de edades.
Usted, montada en setenta
se ve jovial y contenta,
y con vivas voluntades.

No es que yo me sienta chamo,
pero ¿cómo a esto le llamo
siendo una nueva experiencia?
Sigo cautivo en su red,
pero tratarla de «usted»
me aturde la complacencia.

Perdone, amada señora,
que yo la trate así ahora
y esté contra pared
porque es que para cumplido
usted tiene merecido
que no la trate de «usted:».

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