Trágico 3 de octubre para mí. Relato personal.

Trágico 3 de octubre de 2000 .

El 3 de octubre de cada año es una fecha de dolorosa recordación para mí, pues ocurrió una desgracia que resultó de impacto y conmoción en mi existencia.

Falleció una colega profesora, de nombre Elizabeth Jackabella Golindano, de 38 años, ella conducía un carrito azul Corcel y veníamos de un día de taller de escuelas bolivarianas, instituciones estas que estaban en pleno auge de implantación, y yo acepté venirme con ella en plan de copiloto.

Aclaro que veníamos de vuelta a San Juan de los Morros, a eso de las 6.35 p.m. y cuando charlábamos amenamente, en una curva de la población de Ortiz, vi con horror que cuando ella intentaba adelantar una larga gandola, el vehículo falló, y venían 2 gandolas más, ¡y de frente!

No había opción de escapar de un inminente choque de frente y, si se lanzaba al lado de la carretera, había un enorme precipicio, del que no íbamos a salir con vida.

Con desesperación, ella solo atinó a decirme, al ver la gandola a pocos metros:

_¡Nos embromamos, @lecumberre!

Yo cerré los ojos, y con una inspiración del alma, dije para mis adentros:

-¡Mi Dios querido!

¡Y sucedió el choque de frente! El estruendo fue espantoso, y salí lanzado por los aires, para caer a unos 20 metros, salvándome la vida de manera milagrosa.

Detrás venía un autobús como con 30 docentes, que también habían acudido al taller, y todos se dirigieron al pequeño carro, y en el puesto posterior, estaba el cuerpo de Jackabella. Alguien preguntó por mí, que dónde había parado, y vieron también, horrorizados como un hombre todo vuelto y envuelto ensangre, salía de un matorral donde había caído.

Recuerdo que una sobrina mía, llamada Ángela Rodríguez consiguió una toalla, y me limpió un poco la sangre. Consternados, nos llevaron al hospital de Ortiz. Vi cuando un médico se le afincó en el abdomen a ella, que estaba sobre una camilla, y este comentó:

-Ha fallecido.

A mí se me fueron los tiempos y cuando reaccioné, estaba casi llegando al hospital de San Juan de los Morros.

Cuando llegué, había una cantidad exorbitante de personas esperando para saber qué había pasado, y saludé a quienes pude, y entre la multitud reconocí a mi hermano Juan Celestino.

No fue tanto lo que me pasó. 3 costillas fracturadas, una herida en la frente, de 13 puntos de sutura, y escoriaciones sin importancia.

Hoy es un día triste, amargo, estremecedor, reflexivo y, sobre todo, muy doloroso para mí.

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