Se marchó Jackson Martínez.

Se marchó Jackson Martínez.

Hace unos días se despidió de este mundo terrenal un muchacho de nombre Jackson Macay Martínez Quiaro, un vecino de mi barriada, y quien fuese alumno allá por la década de 1990.

La vida en su trascendencia nos deja amargos sabores de una manera sorpresiva, y con experiencias que no digerimos ni admitimos, a pesar de las realidades.

Jackson era declamador, y en su infancia obtuvo el primer lugar en declamación en el festival «Puerta del Llano», que era para estudiantes de 6 a 12 años de edad, y recuerdo que llevó el poema de Andrés Eloy Blanco, de nombre Palabreo de la alegría perdida.

Compadre Venancio Laya,
dígale a Juan Pablo Pae
que me mande mi guitarra,
¡y usted mismo me la trae!

Toda una cátedra en declamación, y a tan corta edad.

Tenía exactamente 40 años, y una vida por delante, que se vio truncada por una enfermedad de la que se recuperaba, pero con continuas recidivas.

Se caracterizó por ser muy respetuoso, y cada vez que me lo encontraba, parece que siempre tenía presentes los momentos en que fue un alumno. Su alegría era inmensa.

En sus últimos momentos se le veía una frenética mirada por los deseos de vivir, y aquella dramática súplica a los médicos de cabecera, y a los acompañantes:

.- ¡No me dejen morir, por favor! Cualquiera, que me ayude a superar esto. ¡Quiero vivir!

Pero ya Dios había dictado su decisión.

De Jackson tendremos lindos recuerdos, y citas de su respeto y consideración a sus semejantes.

Paz a su alma.

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