Pimpina. (Personaje popular de mi tierra).

Venezuela es un país de diversas características durante toda su historia, y uno de esos elementos lo conforman los personajes populares que, en un pequeño número, alegran o dan vida a las calles, o a  la misma población. Dato demográfico que, tal vez, no haya sido tomado en consideración por los estudiosos o especialistas.

 

Hoy empieza la sección «PERSONAJES POPULARES DE MI TIERRA», y es «Pimpina» a quien corresponde iniciarla.

 

Pimpina era un hombre muy gordo, y amante de todo lo que se denominara alimento o comida. Algunos lo tildaban de loco, o escaso de cerebro, pero tuve un tiempo, desde principios de la década de 1980, en contacto con él, y vivía solo en un sector naciente, de nombre Parcelamiento Junín, donde también residía mi hermano Juan Celestino con su familia, y era una comunidad muy unida. Era un empedernido sembrador de matas, y diversos residentes le decían «el ecologista», palabra que nunca entendió, pero que aceptaba callado, y medio orgulloso.

 

El nombre de Pimpina era Celso Celestino Palacios, y tenía otros familiares, también gordos, en el sector La Morera. Pimpina fue uno de los primeros trabajadores del aseo urbano en nuestra ciudad, y lo recuerdo con su escoba, su pala y su bolsa realizando sus labores cotidianas.

 

Pero el domingo era fijo que tendría una comida especial, que consistía en unos  3 o 4 metros de chinchurria, teretere, chorizo, carnita asada, granos, bollitos de chicharrón, y lo que se le antojara. Algunas veces mandaba una bandeja a alguna de las familias. Se emparrandaba, y como era un cerro donde vivía, varias veces vi cómo vecinos lo ayudaban a subir, debido a su enorme peso, y a su dificultad para ascender a su casa en esas condiciones.

Lo que sí tenía Pimpina, era ese toque inocentón e ingenuo del hombre que nunca deja de ser muchacho, y se ponía a discutir «a pico y pata» con quien fuera que se metiera con él.

 

En el parcelamiento, Pimpina tenía árboles que había sembrado él mismo, pues decía que la sombra era muy importante para la vida. Y esa sombra la empleaba para sacar su mesa. y sentarse a comer sus delicias culinarias.

 

En 1989 le escribí el poema «Pimpina», que lamentablemente, no quedó ni siquiera un par de estrofas, pero se me ocurre reconstruirlo, y traerlo, Dios mediante un día a Steemit.

 

Pimpina murió «de repente» y , de seguro, no llegaba a los 50 años, pero se especulaba que había sido por el mal de Chagas aunque otros decían que era el exceso de colesterol en las comidas pues, poco tiempo antes disfrutaba de aparente buena salud, pero dejó unas vivencias que siempre lo hacen tener en el corazón y la mente de los habitantes de aquel entonces.

Y siempre Pimpina, el muchacho comelón, tendrá memoria en nuestras vidas.

 

 

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