Sol de ayer. Soneto clásico

La vi tan clara, linda, y cristalina
que me trasladó a tiempos del ayer
de fresca, blanca y límpida mujer,
y en su mirada la brisa marina.

La miré silenciosa, así divina,
que hasta sentí un exótico placer
de soñar con tenerla hasta saber
que es la misma de ayer de luz tan fina.

Color de sol, mirada tan hermosa
que hace tener en la mente una rosa,
y en el corazón propio el embeleso.

Mirándola seguí pausadamente,
y cruzó por mi sangre ese torrente
de querer darle el más ferviente beso.

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